domingo, 23 de noviembre de 2014

EN HONDURAS, LOS MUERTOS TIENEN VENTA

Según los informes del Departamento de Estado de los EE.UU, el 79 % de la coca que sale de los países productores de América del Sur, pasa por Honduras camino a los países del norte.
 
La coca llega a  Honduras por vía aérea a los Departamento orientales, como Olancho, donde los narcos poseen grandes fincas dotadas de pistas de aterrizaje, mientras que, si lo hacen por vía marítima, los puertos caribeños de Trujillo y La Ceiba son los elegidos. Los narcos compran a los guardias costeros para que hagan la vista gorda.
 
A partir de aquí  deben mover la coca por el interior de país hacia el occidente, para pasarla al vecino país de Guatemala,  en su recorrido hacia el norte. Utilizan la frontera de Copán a escasos seis kilómetros de las famosas ruinas mayas, del mismo nombre. 


Mapa de Honduras donde se reseñan las localidades de entrada  y salida de la coca

Ya hemos conocido en  repetidas ocasiones el ingenio de los departamentos de logística de las empresas criminales que mueven el polvo blanco. La realidad suele superar a la imaginación más retorcida. Así es como  en la ciudad hondureña de San Pedro de Sula, de un millón de habitantes, situada al norte del país, los velatorios de las funerarias suelen ser visitados por  los narcos.
 
Estos localizan a las familias humildes en los velatorios y les hacen ofertas para  comprarles el cuerpo, con el compromiso de enterrarles doscientos kilómetros más abajo, en cualquier finca próxima a la frontera de Copán.  La parte económica de la compra ronda los 10.000 dólares por cadáver.  
 
Llegados a un acuerdo, la familia notifica a la funeraria que ha decidido enterrar el cuerpo con otra empresa fúnebre y así es como los narcos en un falso coche fúnebre recogen el cuerpo y se lo llevan.
 

Ilustración de Alejandra Congote, para el periódico Universo Centro
 
Los narcos en una especie de ritual macabro utilizan los cadáveres para en su interior trasladar la coca hasta cerca de la frontera guatemalteca. Se supone que la policía urbana o de carretera, no debe parar un furgón funerario donde se supone la presencia de familiares  afligidos  por el dolor de la pérdida de algún familiar, mientras acompañan al cadáver.



 







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