jueves, 3 de diciembre de 2015

UN GALLEGO MEDIADOR EN EL CONFLICTO COLOMBO-PERUANO, EN LA AMAZONÍA

En la noche del 31 de agosto al 1 de septiembre de 1932, un grupo de peruanos armados tomó Leticia que, en aquel tiempo, tenía unos 300 habitantes. Las autoridades colombianas, la policía  y los habitantes de nacionalidad colombiana, tuvieron que refugiarse en la población brasileña vecina de Tabatinga.
 
Esta toma armada de la capital de la Amazonía colombiana, era la consecuencia del malestar existente entre los peruanos por haber  cedido pocos años antes, según lo acordado en el Tratado  Salomon– Lozano de 1922, una vasta extensión de terrenos a Colombia pertenecientes a su región de Loreto, entre la que se incluía la ciudad de Leticia.
Mapa de limites del Tratado Salomón -Lozano. Obsérvese los territorios cedidos a Colombia

El gobierno colombiano a fin de restablecer el orden público en sus territorios, armó una expedición compuesta por 1.500 hombres y 6 unidades navales que a través del río  Putumayo pudieron dirigirse al norte del trapecio amazónico.
 
Durante el mes de febrero de 1933 hubo diversas confrontaciones aéreas entre ambas naciones, que propiciaron un intento de conciliación por medio de la Sociedad de Naciones,  que nombró un comité mediador formado por representantes de Irlanda, Guatemala y España. Esta mediación fue aceptada por ambos países litigantes.
 
Manifestaciones peruanas reivindicando Leticia
 
El 25 de mayo de 1933 se firmó en Ginebra un acuerdo entre Colombia y Perú de ocho puntos, que incluía el nombramiento de una Comisión que se encontraría en Leticia en un plazo de 30 días, utilizaría las fuerzas militares precisas y tendría una duración máxima de un año. Previamente debería evacuarse las fuerzas peruanas del territorio tomado con anterioridad. Los gastos correrían  cargo del Gobierno de Colombia y ambos países se comprometían a cesar en los actos de hostilidad entre ellos.
 
La comisión de Administración del territorio de Leticia estaba formada por un coronel y un capitán de fragata de EE.UU., un capitán de aviación español –nuestro hombre, Francisco Iglesias Bagre-  y un cuarto hombre en representación de la Sociedad de Naciones, que actuaba como Secretario General.
 
Francisco Iglesias Bagre había nacido en El Ferrol en 1900 y era un destacado piloto de aviación de la República Española. El Gobierno republicano le había encargado en 1932  el proyecto de organizar la Expedición Científica a la Región Amazónica.
 
En principio Iglesias pensó en una pequeña expedición en la que un grupo pequeño de investigadores viajase al Brasil para hacer una exploración científica a lo largo del río Amazonas y a través de las selvas de Colombia, Ecuador y Perú.
 
Sin embargo la expedición se transformó en una gran empresa colectiva al recibir múltiples apoyos. Por un lado diversos organismos iberoamericanos y los gobiernos de Perú, Colombia, Ecuador y Brasil, vieron con simpatía el proyecto expedicionario. Luego se implicaron en él numerosas instituciones científicas españolas como la Sociedad Geográfica, el Instituto Geográfico y Estadístico, el Servicio Hidrográfico de la Marina, el Museo Nacional de Ciencias Naturales   el Servicio de Meteorología Nacional, el Museo Nacional de  Antropología. el Real Jardín Botánico de  Madrid y la Escuela Nacional de Sanidad. Se decidió entonces organizar una gran expedición de veinticinco personas que viajarían en un gran barco, acompañados de numerosos ayudantes. En él se transportaría una avioneta desmontada que se pondría en vuelo al llegar al lugar de la exploración con el propósito de hacer el levantamiento fotogramétrico de los territorios que se iban a investigar.
Planos del buque Ártabro  para la expedición 
 
Pero tras una gran inversión de tiempo y recursos en la organización del viaje y en la construcción de un moderno buque, el Ártabro, construido por la Unión Naval de Levante, y que se botó en Valencia el 16 de febrero de 1935 en medio de una gran expectación social, la expedición no llegó a realizarse debido a la crisis político económica previa a la guerra civil del 1936. 

El trabajo de la Comisión no fue fácil, los largos y viejos conflictos fronterizos entre Perú y Colombia no se lo pusieron fácil a los comisionados. Iglesias Bagre sufrió campañas de desprestigio que le organizaban a través de la prensa local colombiana – en El Tiempo y en El País- acusándole de agente entregado al país vecino, lo que le hizo dimitir a principios de 1934. 
 

El Secretario de la Comisión manifestaba que: Iglesias Bagre había  sido víctima expiatoria de la lucha de partidos en Colombia. El partido conservador, que atacaba fuertemente el acuerdo de Ginebra, ha encontrado en él su víctima para lanzar sus dardos contra el partido liberal, que está en el poder. Se ha jugado a la ligera con el honor de un hombre entregado a su tarea con todo su ardor, su inteligencia, su comprensión del problema y su gran lealtad.
 
El trabajo de la Comisión dio lugar a un acuerdo, firmado en Río de Janeiro, donde los dos países reanudaron la relaciones diplomáticas, se reconocía el tratado de límites de 1922, se planteaba la desmilitarización de la frontera, se creaba una comisión de tres miembros, con la inclusión de Brasil y se restablecía la libertad de navegación fluvial entre los ríos comunes para los dos países, con la creación de un sistema aduanera especial.
 
Portada del catálogo de la exposición de Iglesias Bagre
Nuestro hombre se dedicó a viajar por el río Amazonas  donde recogió materiales etnográficos, que fueron catalogados en el Museo Comercial de Belem de Pará, contando con la colaboración de su Director, Sr. Paul Leccinte.  Con éste material la Sociedad Española de Amigos del Arte organizó una exposición en Madrid, que tuvo mucho éxito. 
Una colección de animales- serpientes, aves, felinos...- que había comprado durante su estancia en Leticia, viajó a Manaos para descansar en el zoológico del Museo Goeldi, para finalmente ser trasladados a España para su donación al Parque Zoológico de Madrid.



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