miércoles, 2 de abril de 2014

VIDA TRAS EL CRISTAL

La urbanización vecina a la nuestra  de casas unifamiliares adosadas dispone de un cerezo criollo – prunus serótina – de unos 12 metros de altura, cuyas ramas llegan muy cerca de nuestro salón, en un cuarto piso. Desde los ventanales hemos ido observando como una pareja de tórtolas o torcazas han hecho su nido y han ido incubando los huevos.
 
La torcaza, tórtola – lenaida auriculata – es una paloma color café claro muy abundante en la sabana de Bogotá. Los machos presentan unos brillos amarillos y rosados a los lados del cuello y la coronilla de color gris intenso.
 
Pareja de torcazas sobre un muro

Son aves de costumbres gregarias y suelen congregarse en grandes bandadas, alimentándose de semillas. A veces se las considera nocivas por los daños que causan en los cultivos. Tienen un vuelo ágil y muy veloz.
 

Construye el nido hecho con ramitas sobre las ramas de un árbol. La puesta de compone de dos huevos blancos y las crías son cuidadas por ambos padres.
 

Dado lo seguras que se encuentran en la ciudad de Bogota, el comportamiento y las costumbres  de esta paloma no  difieren del resto de las palomas domesticas urbanas. Se juntan y es normal verlas por las calles y por los jardines de los edificios picoteando los alimentos.
 

Nuestra torcaza incubando sobre el nido

Las palomas ponen un primer huevo y 36 horas después ponen el segundo, a partir de la puesta del segundo huevo se cuentan 17 días para eclosionar los huevos.

Esperamos seguir el proceso de vida que tenemos delante de nuestras narices

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